Durante la tarde del 31 de agosto de 1939, el ejército alemán ultima los preparativos para invadir Polonia. Los pilotos estudian sus objetivos. Los tanques avanzan a sus posiciones de asalto. En las primeras horas del uno de septiembre, soldados alemanes vestidos con uniformes polacos asaltan una estación de radio en el lado alemán de la frontera causando unas cuantas víctimas. Es la “agresión” que servirá de pretexto a Hitler para justificar su ataque. A las 08:00, las tropas alemanas penetran a través de la frontera polaca y las fuerzas motorizadas avanzan rápido en modo Blitzkrieg

Blitzkrieg: Un nuevo modelo de guerra

El tres de septiembre, Gran Bretaña y Francia declaran la guerra a Alemania, en cumplimiento de su promesa de apoyar a Polonia. Pero para entonces los polacos ya están en serios apuros. Están superados en número y afrontan un nuevo modelo de guerra para el que no están preparados, la Blitzkrieg. En 1939, el ejército alemán está integrado por un millón y medio de hombres. Su elite son los Panzers, los tanques, seis divisiones blindadas y cuatro divisiones ligeras destinadas a reconocer el terreno. En total, 2400 vehículos. Han sido diseñados para romper las defensas enemigas y abrirse camino cortando comunicaciones y sembrando la confusión.

Luftwaffe
Luftwaffe

Los puntos fuertes enemigos son arrollados y la infantería ulterior hace un barrido. La nueva fuerza aérea alemana, la Luftwaffe, también está concebida para la Blitzkrieg. Cuenta con 2500 aviones alineados para atacar a los polacos. Los más conocidos son los bombarderos Stuka Junker-87. Son una modalidad de artillería aérea que realiza ataques puntuales en apoyo de las fuerzas de tierra en rápida evolución. Los polacos disponen tan solo de 600 aviones. El panorama en tierra no es más prometedor. El ejército polaco cuenta tan solo con 500 000 efectivos. Posee únicamente 880 tanques. Cuenta además con 11 brigadas de caballería, lanzas y caballos contra vehículos blindados. Pero la ventaja de los alemanes no es solo cuestión de número. Utilizan sus Panzers de un modo totalmente distinto, son contundentes unidades de ataque autónomas.

El oeste del país, incluyendo la capital, Varsovia, está rodeado por tres lados por territorios bajo control alemán

Los tanques polacos se dispersan como apoyo de infantería. Las tareas de los polacos se ven aún más dificultadas por la ocupación alemana de Checoslovaquia. El oeste del país, incluyendo la capital, Varsovia, está rodeado por tres lados por territorios bajo control alemán. Esta ventaja geográfica es esencial para el gran plan de Alemania. La misión de la primera ofensiva blindada es efectuar una vital penetración inicial. Pero la victoria definitiva dependerá de movimientos de tenazas destinados a rodear y aplastar al enemigo. Atacará el Grupo de Ejércitos Norte dirigido por el general Fedor von Bock que lanzará sendas ofensivas desde el nordeste de Alemania y el este de Prusia. El Grupo Sur, dirigido por el general Gerd von Rundstedt, lanzará otras dos desde Silesia y Eslovaquia.

El objetivo de la tenaza es confluir en las cercanías de Varsovia y Brest-Litovsk. Desde el principio todo le fue bien a los alemanes. La aviación polaca es prácticamente eliminada en los dos primeros días. Los tanques se abren camino y avanzan hacia el interior. Stukas y cazas de alcance medio son terriblemente destructivos. Los polacos son fraccionados y acorralados en reductos donde serán hechos prisioneros. Se dice que algunas audaces unidades de caballería polacas han intentado hacer frente a los Panzers. Pero en vano. Simplemente, son apartados de en medio.

La conquista de Polonia

El 8 de septiembre, los movimientos de tenazas se encuentran. Y las tropas alemanas avanzan en las afueras de Varsovia. El 17 de septiembre, la otra tenaza se cierra en Brest Litovsk. Ese mismo día, fuerzas soviéticas cruzan la frontera este de Polonia, según lo acordado entre Hitler y Stalin en el pacto nazi-soviético. El ejército polaco se bate en retirada. El Gobierno abandona el país. Pero Varsovia sigue luchando. Sus defensores rehúsan rendirse ante Alemania y la máquina de guerra alemana se emplea contra ellos con toda su furia.

Einsatzgruppen
Einsatzgruppen

Hitler está observando de cerca a su ejército conquistador. El 27 de septiembre, Varsovia se rinde. Después los vencedores se reparten Polonia según el pacto nazi-soviético. La Unión Soviética se anexiona poco más de la mitad este del país. Alemania se queda con el resto. Ambos regímenes comienzan a hostigar a quien pueda representar un peligro en el futuro. Muchos son asesinados. Y por primera vez los alemanes revelan cómo se las gastarán con los pueblos del este de Europa que consideran inferiores. Envían a sus Einsatzgruppen, unidades especiales de las SS, para dar caza a los judíos. La mayoría son hacinados en guetos en las grandes ciudades, donde morirán de inanición. Otros son ejecutados en el acto. Pero este no fue el fin del ejército polaco.

Más de 50 000 hombres huyen hacia Francia. Allí funciona un Gobierno provisional formado por el general Wladyslaw Sikorski. Los polacos lucharán valerosamente desde el exterior. En Gran Bretaña las sirenas antiaéreas suenan minutos después de que el primer ministro Neville Chamberlain anuncie el inicio de las hostilidades. A pesar de las promesas de sus políticos de defender la soberanía polaca, Gran Bretaña y Francia han hecho poco para ayudar a Polonia. Tal como Hitler calculaba, no saben cómo proceder una vez declarada una guerra real. Ambos países han comenzado a movilizarse. Se habilita protección antiaérea. En las principales ciudades se instalan cañones antiaéreos y se construyen refugios.

Asedio a Gran Bretaña y Francia

Enseguida los niños son evacuados. Todos llevan máscaras antigás y la ciudad se oscurece para no ser vista. Los británicos despliegan los 100 000 efectivos de su Fuerza Expedicionaria al norte de Francia. Las tropas francesas han sobrepasado ligeramente la frontera alemana, pero rehúsan avanzar más allá del área cubierta por su artillería. La iniciativa está aún en manos de Hitler. Y él por lo menos sabe qué va a hacer a continuación. La Blitzkrieg contra Polonia ha supuesto un éxito clamoroso para Adolf Hitler. Ha sometido a un país entero en menos de cuatro semanas. Y su avidez aún no se ha saciado.

Éxito de Hitler tras invadir Polonia
Éxito de Hitler tras invadir Polonia

Ordena a sus generales que ataquen Gran Bretaña y Francia en noviembre de 1939, menos de dos meses después de la caída de Polonia. Su estado mayor se horroriza. El grueso del ejército está en el este, fuera del país, y debe desplazarse al oeste. Y eso después de haber padecido muchas bajas durante la campaña de Polonia. Son lecciones que aprender. Los cañones antitanques polacos acabaron con el equivalente a una División Ligera Panzer. La cuarta parte de los aviones empleados se ha perdido. Los Panzers eran demasiado ligeros y no muy fiables. A menudo se veían rebasados por sus columnas de suministro y por la infantería. De mala gana y después de encendidas discusiones, Hitler consiente en esperar hasta la primavera.

De mala gana y después de encendidas discusiones, Hitler consiente en esperar hasta la primavera.

Mientras tanto, sus enemigos aprenden también la lección. Gran Bretaña confiaba en los bombarderos para el próximo conflicto. Pero cuando el cuatro de septiembre la aviación británica atacó a pleno día embarcaciones alemanas, siete de sus 30 bombarderos fueron derribados. Pronto se hizo evidente que no fue un simple caso de mala suerte. En los ataques, más de la mitad de los aviones se había perdido. Los aviones británicos no eran apropiados. Por eso ahora la RAF opta por los ataques nocturnos y decide no arrojar bombas, sino panfletos, para no dar lugar a represalias. Así, cuando la Blitzkrieg se detiene y el cielo está en calma, el núcleo de la contienda se desplaza al escenario restante: el mar. La marina alemana sigue aún ocupada en un ambicioso programa de reconversión que no concluirá hasta 1948.

La Blitzkrieg deja paso a la batalla marítima

El comandante de submarinos, el almirante Karl Doenitz, planea cortar las rutas de suministro británicas del Atlántico. Para ello necesita 300 submarinos transatlánticos. Pero no tiene más que 38. Con todo, Doenitz se asegura de que todos los submarinos estén en el mar el día 3 de septiembre, el primer día de guerra contra Gran Bretaña. Esa tarde, al ser confundido con un barco mercante, el submarino U-30 hunde el transatlántico Athenia sin previa advertencia. La agresión se cobra 112 vidas, incluyendo 26 civiles americanos. La Marina Británica supera a su homóloga alemana. Posee 12 acorazados, Alemania, ninguno. Posee además cinco portaaviones, Alemania, ninguno.

Tras lo del Athenia Gran Bretaña declara el bloqueo total de los puertos alemanes. Sin embargo, pese a su superioridad numérica la Royal Navy cuenta con muy pocos barcos de escolta. Muchos mercantes deben zarpar solos y, a finales de 1939, más de 100 ya han resultado hundidos. Enseguida se hace evidente que los británicos han subestimado lamentablemente la amenaza submarina. El 17 de septiembre, el U-29 hunde el portaviones británico Courageous. El 14 de octubre, el acorazado Royal Oak es hundido cuando el U-47 cruza las defensas de la base de la flota británica en Scapa Flow, en las islas Orcadas.

También la pequeña flota de superficie alemana es movilizada contra las rutas marítimas enemigas. Los cruceros de combate Scharnhorst y Gneisenau interceptan un convoy en el mar del Norte el 22 de noviembre. Hunden también su buque escolta, el crucero mercante armado Rawalpindi. Pero es el acorazado de bolsillo Graf Spee el que causa mayores problemas. Diseñado para atacar buques de abastecimiento, con sus cañones de 28 centímetros es capaz de destruir cualquier buque rápidamente y su velocidad le permite escapar de cualquier acorazado.

El Graf Spee zarpa de Alemania antes del inicio de las hostilidades. Corta rutas comerciales en el Atlántico Sur y en el Índico. Finalmente, tres cruceros británicos, el Exeter, el Ajax y el Achilles, lo interceptan cerca del río de la Plata, en costas de Sudamérica. Las naves británicas dañan el acorazado de bolsillo tan seriamente que ha de refugiarse en el puerto neutral uruguayo de Montevideo.

Cuando el Graf Spee es conminado a abandonar el puerto, su capitán decide hundirlo antes de que lo aniquile el enemigo

Los alemanes creen en el falso rumor de que han llegado fuerzas británicas más potentes. Cuando el Graf Spee es conminado a abandonar el puerto, su capitán decide hundirlo antes de que lo aniquile el enemigo. En Gran Bretaña, los marinos de la Royal Navy son recibidos como héroes. Pero se trata del único éxito claro celebrado por los ejércitos de Gran Bretaña y Francia durante el invierno de 1939. Pero en secreto, los británicos pueden celebrar otra victoria en el campo de la guerra tecnológica que se revelará decisiva.

Ya al inicio de la guerra, Gran Bretaña pierde muchas embarcaciones por las minas alemanas. Lo enigmático del caso es que los barcos no parecen chocar contra ellas. Las minas explotan sin más cuando los barcos pasan cerca de ellas. Posteriormente, en la noche del 22 de noviembre de 1939, un avión alemán es visto arrojando una mina sobre el Támesis durante la marea baja.

Una vez desactivada y recuperada, se descubre que lo que hace estallar la mina es la firma magnética de un barco que navega a poca distancia. La solución consiste en reducir la firma magnética pasando un cable de cobre alrededor del casco y haciendo circular corriente eléctrica a través de él. Un proceso llamado “desmagnetización”. Una vez aplicada la desmagnetización a todos los barcos, el peligro de las minas se reduce de manera sustancial. Por lo demás, a principios de 1940 la guerra está calmada. Ambos bandos no hacen gran cosa en invierno, salvo patrullar, adiestrarse e intentar entrar en calor, ya que ese invierno es particularmente frío. Un periodista americano la denomina “la guerra de broma”. En alemán, Sitzkrieg.

La resistencia francesa y finesa

En primavera, la Fuerza Expedicionaria toma posiciones a la izquierda del frente, en la frontera belga. Es superada por sus aliados franceses. Francia posee cerca de 100 divisiones a lo largo de las fronteras belga y alemana y otras cerca en reserva. Este desequilibrio significa que el comandante británico Lord Gort ha de aceptar las ideas del general francés Maurice Gammelin. Y esas ideas son completamente defensivas.

Los franceses confían en las imponentes barreras de la línea Maginot, una serie de fortificaciones que transcurren desde Suiza a Bélgica por la frontera germano-francesa. La línea Maginot se considera totalmente impenetrable y su objetivo es mantener a salvo el territorio francés. Pero por otra parte, los aliados no tienen idea de cómo derrotar a Alemania. Se limitan a avanzar sus tropas y a preparar una réplica de la Primera Guerra Mundial. Su objetivo es bloquear a Alemania para minar su fuerza. Y atrincherarse para neutralizar el asalto que saben próximo. Ninguno de sus comandantes parece considerar que los alemanes podrían adoptar estrategias muy distintas, ni que los próximos movimientos podrían transcurrir en un escenario diferente: Escandinavia.

El 30 de noviembre de 1939 se abre un nuevo escenario bélico. La Unión Soviética invade su pequeño país vecino: Finlandia. Finlandia no consiguió independizarse de los rusos hasta 1918, y los detesta. El dictador soviético Iósif Stalin sabe que algún día los fineses permitirán a los alemanes atacar Leningrado y el fundamental puerto ártico de Murmansk. El Ejército Rojo supera al de sus adversarios por más de diez a uno. La invasión promete ser un paseo. Pero su cúpula militar ha sido aplastada por las contundentes purgas de Stalin.

Los fineses están dirigidos por el general Gustaf Mannerheim. Se defiende utilizando tácticas relámpago sobre la espesa nieve, a menudo sobre esquís. Las tropas soviéticas, confusas y mal dirigidas, padecen numerosas bajas. La resistencia de Finlandia contagió a franceses y alemanes. Pronto planean el envío de ayuda, vía Noruega y Suecia. El hecho de que eso pueda involucrar a dos países neutrales en la guerra es ignorado.

Ataque a Noruega
Ataque a Noruega

Pero una nueva ofensiva soviética a principios de febrero rompe la línea defensiva finesa. A primeros de marzo, los fineses han de ceder territorio a Stalin. También Hitler ha comenzado a mostrar interés por Escandinavia. La máquina de guerra nazi precisa del mineral de hierro procedente de Suecia. En invierno, la única forma de llegar a Alemania es a través del puerto noruego de Narvik. Si los aliados desembarcan en Noruega, esa vía esencial podría verse interrumpida. Por eso ordena planificar la invasión de Noruega.

Dinamarca, que queda en medio, también habrá de ser ocupada. El escenario noruego se calienta el 16 de febrero de 1940. El destructor británico Cossak aborda el barco de abastecimiento alemán Altmark en un fiordo noruego, a fin de liberar prisioneros. El 9 de abril, las tropas alemanas comienzan a desembarcar en cinco puertos. Oslo, Kristiansand, Bergen, Trondheim y Narvik. A la vez, efectivos de la recién creada División Paracaidista Alemana ocupan los aeródromos de Stavanger y Oslo.

El 9 de abril, las tropas alemanas comienzan a desembarcar en cinco puertos

Los defensores noruegos son rápidamente aplastados. También los daneses. Las fuerzas alemanas ocupan ambos países en 24 horas. En Noruega, los alemanes se desplazan velozmente para conectar sus cabezas de playa y ocupar las principales ciudades. En el aire, la dominio de la Luftwaffe es incontestable. Los aliados responden. Una fuerza de desembarco es enviada a la zona para recuperar Narvik. Las tropas de Francia y Noruega consiguen su objetivo el 28 de mayo. Pero una poderosa fuerza alemana se aproxima. Seis semanas después, los aliados abandonan Noruega a su suerte. Hitler ha pasado la mayor parte del invierno y la primavera en el Berghof, su refugio rural en el sur de Baviera. Para él, lo de Escandinavia ha sido algo secundario.

La nueva gran Blitzkrieg

Se ha dedicado a preparar su próxima gran Blitzkrieg: contra Gran Bretaña y Francia. El primer plan que le sugieren sus generales le resulta familiar. Los alemanes penetrarían en Bélgica para girar desde allí hacia París. Es una repetición del plan Schlieffen, utilizado al inicio de la Primera Guerra Mundial. Los aliados cuentan con ello y su estrategia es prepararse para neutralizarlo. Cuando ataquen, los aliados planean que sus fuerzas al oeste de la línea Maginot penetren en Bélgica para frenar al enemigo en la línea más corta y defendible formada por los ríos Dyle y Mosa.

El 10 de enero de 1940, un avión de enlace alemán pierde su rumbo y se estrella en Bélgica. En él se encuentra una copia del plan alemán. Eso convence a los aliados de que su plan Dyle ha de funcionar y despliegan sus tropas en consecuencia. Por desgracia el mismo incidente induce a los alemanes a cambiar por completo de planes. El estratega principal, general Erich von Manstein, ha considerado el plan original poco imaginativo.

Le preocupa que las tropas alemanas queden empantanadas como en la Primera Guerra Mundial y que su país acabara derrotado tras una lucha interminable. Por eso propone a Hitler que la ofensiva principal se desarrolle en la zona en que termina la línea Maginot, donde los aliados serían más vulnerables cuando sus ejércitos del oeste avanzaran. La totalidad de los tanques alemanes se reuniría frente a las Ardenas, al sudeste de Bélgica. Los aliados consideran esta zona abrupta y boscosa casi infranqueable para los tanques, por eso no se preocupan en exceso de defenderla.

El plan consiste en reubicarse detrás de los ejércitos aliados que se habrán adentrado en Bélgica. Así podrán cortarles el paso y todas las fuerzas situadas en la línea Maginot serán sobrepasadas. Es una estrategia arriesgada. Los blindados alemanes pueden quedarse atascados en el bosque. Pero a Hitler le gusta. Los alemanes reorganizan posiciones sin el conocimiento de los aliados. Los aliados se preparan para su prolongada guerra defensiva.

Guerra acorazada

Además de la formidable barrera de la línea Maginot, poseen una ligera ventaja en cuanto a efectivos: alrededor de 110 divisiones frente a las 95 alemanas, y también en cuanto a blindados: unos 3000 contra los 2700 del ejército alemán. Los franceses poseen también mejores tanques. Sus Char-B de 32 toneladas disponen de dos cañones de 75 y 47 milímetros. Su desventaja es que el cañón principal está montado en el casco, con lo que se hace difícil apuntar. El otro cañón está en una torreta monoplaza en la cual el tripulante controla el tanque y a la vez dirige el cañón.

En contraposición, el último modelo alemán, el Panzer Mark IV de 17 toneladas, dispone de un cañón de 75 milímetros en una gran torreta para tres personas. Así la dotación puede trabajar en equipo. Pero solo hay 100 vehículos disponibles. Los demás tanques franceses tienen también cañones comparables a los de los alemanes, pero su torreta es igualmente monoplaza. El único ámbito en el que los alemanes cuentan con una clara ventaja es el aire. La Luftwaffe posee 2000 bombarderos, los aliados, únicamente 800. La Luftwaffe dispone de 4000 cazas, incluyendo el ultramoderno Messerschmitt Bf-109. Deberán enfrentarse a tan solo 2500 aviones bastante más antiguos. La aviación británica dispone de unos 800 sofisticados cazas Spitfire y Hurricane, pero los mantiene reservados para la defensa interna.

La mayor diferencia entre los dos ejércitos radica en su filosofía. Cuanto hacen los alemanes está enfocado hacia la Blitzkrieg. Todos sus blindados están agrupados en diez Divisiones Panzer independientes. Pero los franceses se preparan para repetir la lucha estática de la Primera Guerra Mundial. Ven en los tanques un soporte a la infantería y los distribuyen en lugar de concentrarlos. Han tomado nota de la efectividad de los tanques alemanes en Polonia y ahora están reuniendo tres divisiones acorazadas, pero al iniciarse las hostilidades ninguna está operativa. Dos modalidades de estrategia militar totalmente distintas están a punto de confrontarse: guerra relámpago contra guerra estática.

WInston Chrurchill aparece en escena

El verano de 1940 pronto mostrará cuál es la correcta. El 10 de mayo de 1940, Churchill se convierte en primer ministro del Reino Unido. No podía haber elegido un día peor, pues es la fecha en que Hitler decide lanzar su Blitzkrieg contra Francia y Gran Bretaña. Al amanecer, una división aerotransportada alemana cae en paracaídas sobre Holanda para ocupar puentes y campos de aviación. Simultáneamente, la sólida fortaleza belga de Eban Emael es asaltada.

Zapadores paracaidistas se lanzan desde los planeadores alemanes. Rápidamente inhabilitan los cañones. Mientras tanto, la Luftwaffe ataca bases aéreas en Holanda y Bélgica. Después, las barreras fronterizas son apartadas. Y el Grupo de Ejércitos B de Hitler, comandado por el general Fedor von Bock, se adentra en Holanda y Bélgica. Según lo planeado, los británicos y franceses en la frontera belga avanzan hacia su nueva línea defensiva a lo largo de los ríos Dyle y Mosa. Ningún comandante aliado parece haber advertido que el Grupo de Ejércitos A alemán, que posee la mayoría de los Panzers, después de haber apartado a las tropas fronterizas belgas han empezado a penetrar en las colinas y bosques de la Ardenas. Mientras tanto, los alemanes avanzan velozmente a través de Holanda.

El ejército holandés no puede hacer frente a la ultramoderna máquina de guerra alemana y padece los continuos ataques aéreos de la Luftwaffe, que surca los cielos sin oposición. El 14 de mayo, los alemanes exigen la entrega del puerto de Rotterdam. Muchos bombarderos alemanes despegan mientras los holandeses titubean. Cuando ya están volando, los holandeses entregan la ciudad, pero al parecer no dan aviso de retirada a los bombarderos. Rotterdam es devastada. Holanda capitula al día siguiente. Llega una noticia que es un jarro de agua fría. La posibilidad que británicos y franceses creían imposible se ha cumplido.

Los Panzers han atravesado las Ardenas y han llegado hasta el Mosa por la tarde del 12 de mayo. Entre los primeros en llegar a Sedán, al norte de la línea Maginot, se encuentran los hombres del XIX Cuerpo Panzer dirigido por el general Heinz Guderian, que salió victorioso de Polonia. Guderian demuestra ahora cómo se debe hacer una Blitzkrieg. Ignora las tropas de la línea Maginot y no espera a que lo alcance su propia infantería. Avanza directamente. Al día siguiente, tropas de asalto cruzan el río Mosa. Los zapadores construyen puentes para los blindados pese al intenso fuego francés. El día 14, los Panzers comienzan a cruzarlos.

Los zapadores construyen puentes para los blindados pese al intenso fuego francés.

Esa tarde, la cabeza de puente de Guderian se encuentra a 13 kilómetros. Las tropas francesas, paralizadas en la línea Maginot, se ven incapaces de intervenir. Los bombarderos aliados lanzan ataques para destruir los puentes alemanes. Pero la mayoría son derribados. La artillería alemana acribillaba las defensas francesas mientras los Stukas silbaban. Tres días después de haberse iniciado el ataque, la resistencia francesa alrededor de Sedán se viene abajo. Los Panzers de Guderian se desplazan raudos hacia el oeste. Al anochecer han avanzado más de 60 kilómetros en pos del Grupo de Ejércitos Aliados Norte. Estos se han mantenido firmes en la línea del Dyle, pero el comandante en jefe francés, el general Gamelin, advierte que están a punto de quedar rodeados y les ordena replegarse. Esta repentina decisión de retirarse desconcierta a los aliados que ignoran lo que está ocurriendo detrás de ellos.

El repliegue se ve dificultado por una avalancha de refugiados que obstruyen las carreteras. Ese mismo día, el primer ministro francés, Paul Reynaud, telefonea a Churchill. “Nos han derrotado, hemos perdido la batalla”, le dice. Pero a pesar de la brillantez de la Blitzkrieg, los alemanes son vulnerables. Sus Panzers avanzan hacia el oeste creando un largo pasillo de varios kilómetros de ancho. Los aliados observan que está abierto al contraataque. A efectos de transporte, el ejército alemán depende aún por completo de sus caballos y de sus propios pies, así, la distancia entre los veloces Panzers y la infantería que los sigue crece por momentos. El 17 de mayo, el coronel Charles de Gaulle, comandante de una división acorazada recién formada, emprende el primero de sus dos intentos de romper la línea alemana cerca de Crecy.

El engorroso sistema de mando francés hace que las unidades ataquen desorganizadas y no en una ofensiva coordinada. Los alemanes tienen pocas dificultades para repeler ambos ataques y causan numerosas bajas. Ahora parece que nada puede frenar a Guderian, que se adentra cada vez más en territorio francés. El día 19, sus unidades punteras ya han sobrepasado Peronne. El día 20, tras una extraordinaria carrera de 90 kilómetros, Amiens es ocupada a la hora del almuerzo. Abbeville, a solo 22 kilómetros del canal de la Mancha, es ocupada a las 21:00. Y a medianoche, un batallón de la Segunda División Panzer llega a la costa de Noyelles.

La divisón del frente aliado

Los alemanes han dividido en dos el frente aliado. Ahora todo depende de si podrán defender ese largo pasillo o de si los aliados podrán contratacar con éxito. Los británicos están dispuestos a romper las líneas alemanas. El 21 de mayo, dos acorazados se preparan para lanzar un ataque en el sur de Arras. Los tanques británicos son menos adecuados para el combate en rápida evolución que los franceses. Su máquina más eficaz, el Matilda II, fue diseñada como soporte de infantería. Está bien blindado, pero es lento y tiene poca potencia de fuego.

Los alemanes no tienen problemas en repeler el ataque. Pero eso produce una reacción. El alto mando alemán comienza a preocuparse por sus largas líneas de comunicación. En consecuencia, por el momento el avance hacia el sur de Francia queda suspendido hasta que llegue la infantería. La prioridad es girar hacia el norte y eliminar a la Fuerza Expedicionaria Británica y al Primer Ejército Francés que combate a su lado.

El 22 de mayo, Guderian y los Panzers inician su ofensiva para destruir los ejércitos aliados. Estos se retiran hacia los puertos de Boulogne, Calais y Dunkirk, pero quedan atrapados. El 23 de mayo, el general Alan Brooke, comandante del II Cuerpo Británico escribe: “Solo un milagro puede salvar a la Fuerza Expedicionaria Británica”. Dos días después, los alemanes ocupan Boulogne. Empieza a parecer que incluso un milagro llegaría demasiado tarde. El 25 de mayo de 1940, la situación de la Fuerza Expedicionaria y del Primer Ejército Francés es desesperada. El puerto de Boulogne ha sido invadido. Las tropas alemanas han aislado Calais. Los británicos han sido obligados a regresar a Dunkirk.

Lord Gort, comandante británico, notifica a su Gobierno que la única forma de salvar aunque sea a una fracción de sus tropas consiste en organizar una evacuación por mar. Cuando los bombarderos silban y los Panzers se preparan para el asalto final, la evacuación se antoja una esperanza vana. Los británicos prevén que Dunkirk será tomada en un solo día. Sin embargo, los británicos ignoran que Hitler y el alto mando alemán han tomado una decisión que los salvará de la aniquilación total.

Los alemanes saben que las dotaciones están exhaustas y que sus Panzers necesitan reparaciones. Los ataques de De Gaulle y británicos han fracasado, pero han puesto en evidencia la vulnerabilidad de las comunicaciones alemanas. Esta es la gran debilidad de la Blitzkrieg. El alto mando toma una decisión fatídica. Ordena frenar el avance de los Panzers para evitarles daños mayores y esperar la llegada de la infantería. Solo entonces serán eliminados los aliados atrapados en Dunkirk. Así pues, la Blitzkrieg se detiene y los Panzers paran motores.

No avanzarán durante dos días, suficiente para conceder a los británicos cierto tiempo para prepararse. Mientras los tanques esperan, la única acción importante tiene lugar en Calais. Allí las guarniciones francesa y británica no se rinden. Pero son aplastadas tras tres días de sangrientos combates cuerpo a cuerpo. Cuando los Panzers se mueven de nuevo dos días después, el 26 de mayo, el tiempo ha cambiado. Los alemanes quedan atascados a causa de la intensa lluvia concediendo así más tiempo a los aliados.

Operación Dinamo

Así las cosas, el 26 de mayo a las 7:57 horas, el vicealmirante Bertram Ramsey, oficial superior de la marina, recibe la señal para poner en marcha la operación Dinamo. La operación Dinamo es un plan destinado a retirar a la Fuerza Expedicionaria Británica por mar. Lo ha preparado sin demasiadas esperanzas de poderlo llevar a cabo. Al día siguiente una improvisada flota de destructores, remolcadores y transbordadores cruza el canal de la Mancha.

Pero al final del día, menos de 8000 de los más de 300 000 hombres acorralados en Dunkirk han sido rescatados. El puerto sufre un ataque aéreo tan violento que no puede ser utilizado. Los barcos no pueden acercarse bastante a las playas. Ramsey efectúa un llamamiento a todas las embarcaciones de poco calado de más de nueve metros de eslora. Cientos de lanchas, pesqueros y barcazas zarpan de los puertos de todo el sur de Inglaterra y navegan por el canal de la Mancha, muchos tripulados por sus propietarios civiles. Las pequeñas embarcaciones operan en las playas de Dunkirk, transportando hombres a barcos más grandes con la esperanza de ponerlos a salvo. En todo momento se ven expuestos a ataques aéreos. La aviación británica incorpora sus aviones de caza a la batalla para ahuyentar a la Luftwaffe.

Aun así, siete destructores franceses y seis británicos son hundidos junto a 24 buques de guerra de menor tamaño. La cuarta parte de las 665 pequeñas embarcaciones nunca regresará a casa. Pero cuando la evacuación concluye, el día cuatro de junio, más de 300 000 hombres, el 41% de los cuales franceses, han sido rescatados. Nada de eso habría sido posible sin el heroísmo del ejército francés, que desempeñó un papel decisivo ralentizando el avance alemán. La retaguardia francesa no abandona su posición en Dunkirk hasta que los últimos barcos se alejan de las playas. Un oficial británico lo compara a la resistencia final de los espartanos en las Termópilas.

Con todo, el Ejército británico ha perdido casi todas sus armas pesadas. No podrá volver a luchar contra los alemanes durante un largo tiempo. Francia continúa luchando, aunque ha perdido más de la mitad de su ejército. Los alemanes en cambio disponen de 92 divisiones, incluyendo muchos blindados. El cinco de junio por la mañana, un breve bombardeo inicia la destrucción final de Francia. Las tropas de asalto cruzan el Somme y el Aisne. Al principio la resistencia francesa es feroz y los alemanes sufren para huir de sus cabezas de puente.

Pero una vez más la Luftwaffe ayuda a aplastar las defensas. Pronto los Panzers avanzan hacia el sur y el goteo de tropas francesas que se rinden se convierte en una riada. El día 8, los Panzers alemanes llegan al río Sena y la infantería se encuentra a unas horas de distancia. Una vez cruzado el río, los alemanes se abren en abanico hacia el interior. El día 14, el Ejército alemán desfila en París.

EL ejército alemán desfila en París
EL ejército alemán desfila en París

La esvástica es izada en la Torre Eiffel. Hitler ha conseguido la presa que se le escapó al káiser en 1914. Los parisinos no pueden más que mirar, perplejos y horrorizados. Durante el período del colapso francés, Winston Churchill efectúa tres visitas a Francia para intentar animar a la resistencia. El 16 de julio incluso ofrece a Paul Reynaud una unión con Gran Bretaña si Francia sigue luchando. Pero ya es tarde. El gabinete de Reynaud rechaza la propuesta y el primer ministro dimite esa misma tarde. Es sucedido por el mariscal Philippe Petain, que de inmediato pide a los alemanes un armisticio. Solo entonces los alemanes inician el ataque a la línea Maginot que ha quedado aislada. Tras un intenso bombardeo de artillería, los defensores franceses oponen una resistencia simbólica antes de que los alemanes ocupen los fuertes.

El 21 de junio, Hitler llega a Compiegne, donde está el vagón de tren en el que los alemanes firmaron el armisticio en 1918. Cuando una delegación francesa entra en el vagón, Hitler les expone sus condiciones y se va. Los franceses insisten en consultar a su Gobierno, pero al día siguiente les comunican que de no firmar de inmediato los Panzers volverán a rodar. Así pues firman y la humillación de Francia es completa. Hitler considera absoluto su control sobre el oeste de Europa. Está seguro de que ahora los británicos buscarán la paz y de que pronto podrá pasar a la segunda etapa de su plan general. Pero pese a que la Blitzkrieg ha conseguido mucho y muy deprisa, no le ha hecho ganar la guerra. Los británicos, aplastados y maltrechos, han escapado para luchar otro día

Descubre el contexto de la guerra relámpago en nuestro artículo Causas de la Segunda Guerra Mundial

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here