Tras varios años de tensa paz, el mundo volvería a tambalearse tras la ascensión al poder de Hitler. En este artículo vamos a ver las causas de la Segunda Guerra Mundial, así como el contexto histórico que desencadenó el mayor conflicto bélico de la historia de la humanidad.

1 de septiembre de 1939. Los alemanes se internaron en Polonia dispuestas a conseguir una victoria. Apenas veinte años atrás, sus predecesores marchaban también pero regresaban a su patria como un ejército derrotado. En 1918, cuatro años después del inicio de la Primera Guerra Mundial el emperador de Alemania, el Káiser Guillermo II, hubo de abdicar. Destrozaron sus ejércitos tras una ofensiva realizada por las tropas británicas, francesas y americanas. Su pueblo se enfrentaba al hambre, y una peligrosa leyenda comenzó a arraigar: las tropas creían no haber sido derrotadas en el campo de batalla sino traicionadas por sus propios políticos cobardes.

Resumen de las principales causas de la Segunda Guerra Mundial

  1. Después de la Primera Guerra Mundial, los tratados de paz internacionales dejaron un sentimiento de insatisfacción en los diferentes países involucrados, que dejaba una voluntad latente de reclamar aquello que creían suyo
  2. Hitler aspiraba a colonizar territorios emulando a Gran Bretaña
  3. Los territorios de Austria y Alemania fueron reducidos significativamente tras el tratado de Versalles, y divididos a la fuerza cuando compartían una cultura común.
  4. Racismo y xenofobia: Hitler consideraba inferior a la raza judía, y culpable de varios problemas económicos y sociales en la Alemania de entonces
  5. Confluencia de sistemas ideológico-económicos: Nacionalsocialismo, Comunismo y Liberalismo

El fin de la Primera Guerra Mundial

En cualquier caso, a las once de la mañana del 11 de noviembre de 1918 la undécima hora del undécimo día del undécimo mes la Primera Guerra Mundial tocó a su fin. Al mes siguiente, el presidente Woodrow Wilson llegó a Europa, donde prometió crear un nuevo orden mundial. Animó a los líderes a que se unieran a una “Sociedad de Naciones”. En el Tratado de Versalles acordaron que en adelante los conflictos no se resolverían en el campo de batalla sino debatiendo en la Sociedad de Naciones. Los pueblos europeos fueron liberados y el imperio austro-húngaro, aliado de Alemania, fue desmembrado.
Se crearon además nuevas naciones: Austria, Polonia, Hungría, Checoslovaquia Yugoslavia, Letonia, Lituania y Estonia.
El territorio de Alemania quedó notablemente reducido, pero este proceso era una bomba de relojería.

No todos festejaron el nacimiento de países como Checoslovaquia, algunos de estos nuevos estados albergaban minorías alemanas. El anhelo de reunir las poblaciones alemanas se iría adueñando de Europa. Los alemanes, destrozados por la guerra, sufrieron una humillación final: fueron obligados a pagar 6600 millones de libras a Francia y Gran Bretaña en reparaciones, una suma que no podrían afrontar. Y cuando Wilson regresó a EE. UU. su nuevo orden mundial se desmoronó de inmediato. El congreso decidió no involucrarse en una nueva guerra en Europa. No se adhirió a la Sociedad de Naciones, y EE. UU. se recluyó en el aislacionismo.

Ahora Alemania era un país distinto. Era el país más grande de Europa, pero su monarquía militar se fue a pique. Se había convertido en una democracia. Pero su gobierno, la República de Weimar se vio sacudido por episodios convulsos. Hubo enfrentamientos entre nacionalistas de extrema derecha y comunistas que intentaron iniciar una revolución. Más adelante, en 1923, el país se vio asfixiado por una hiperinflación que iba aumentando mes a mes.
Los ahorros de la gente se esfumaron. Se creó así el terreno para la aparición de políticos de extrema derecha. Entre ellos, Adolf Hitler.

El trasfondo de Hitler

Hitler nació en Austria, luchó valerosamente como soldado en la I Guerra Mundial y recibió la Cruz de Hierro. Al volver a Alemania se estableció en Múnich y su encendida oratoria rápidamente le permitió hacerse con el control del Partido Nacionalsocialista, o Partido Nazi. En octubre de 1923, Hitler y los suyos intentaron un golpe armado contra el gobierno de Weimar. Fracasó y Hitler fue condenado a nueve meses de reclusión. En su celda escribió un libro Mein Kampf, Mi Lucha donde contaba el problema de los judíos y exigía que el país recuperase su poder y se anexionase territorios del Este.

Tras ser liberado, organizó a los nazis como un partido político serio y disciplinado. Desde ese momento se valdría de la democracia para conquistar el poder. Pero la República de Weimar había prosperado. El apoyo a los partidos extremistas había disminuido.Aun así, se presentó la gran oportunidad de Hitler. En octubre de 1929, el mercado de valores de EE. UU se hundió.Se perdieron millones de dólares y la crisis se extendía por todo el planeta. El paro en Alemania superó los seis millones. Solo los políticos extremistas parecían ofrecer una solución. Políticos como Hitler.

Solo los políticos extremistas parecían ofrecer una solución. Políticos como Hitler.

En 1931, su partido nazi era un verdadero movimiento de masas. Poseía su propia legión de matones las SA, o Secciones de Asalto, que sumaban casi 3 millones de miembros. En 1932, los Nazis se convirtieron en el partido con mayor representación en el Reichstag. Pero Hitler rechazó cualquier coalición y el parlamento quedó paralizado. Para superar el punto muerto Hindenburg lo nombró canciller. En enero de 1933, el gobierno ya era de Hitler.
Un mes después, el Reichstag fue incendiado. Hitler acusó a los comunistas y reclamó poderes extraordinarios que en adelante utilizaría para prohibir otros partidos. En agosto de 1934 murió el presidente Hindenburg y Hitler se autoproclamó presidente. Ya era el líder absoluto de Alemania: el Führer.

Pero nada indicaba lo que habría de suceder: Los tres años siguientes, el Führer se concentró en la recuperación de la economía. Para reducir el desempleo invirtió millones en obras públicas que incluían 8000 km de autopistas. Pero en secreto gastó también grandes sumas en un rearme a gran escala.
Según el Tratado de Versalles, el ejército alemán se limitaba a 100 000 efectivos. El país tenía prohibido poseer fuerzas aéreas, tanques o submarinos.
Aquel pequeño ejército había triplicado ya su tamaño.

Congreso Nazi en 1939
Congreso Nazi en 1939

En 1935, Hitler hizo públicas sus intenciones. Dio a conocer sus flamantes fuerzas aéreas: la Luftwaffe. Poseía 2500 aviones, más que Gran Bretaña o Francia. El desempleo se redujo, y los nazis adquirieron una enorme popularidad. Envalentonado, el Führer realizó su primer movimiento expansionista. En 1935 reocupó la región del Sarre, en la frontera francesa que votó abandonar la Sociedad de Naciones para incorporarse a Alemania. Un año después envió tropas a la Renania una parte de Alemania desmilitarizada en Versalles. Por el momento muchos consideraban que Hitler reclamaba lo que pertenecía a Alemania. Ni Gran Bretaña ni Francia se opusieron.

Cuando Berlín acogió los Juegos Olímpicos de 1936 tanto en Alemania como en el exterior, los nazis fueron considerados un gobierno que había restituido el orgullo del país y que no suponía ninguna amenaza. Comenzaron las señales aciagas.En 1935, las Leyes de Núremberg prohibían que los judíos se casaran con alemanas arias y les privaban de su ciudadanía. Pero las primeras amenazas a la paz mundial no procedieron de Hitler sino del otro extremo del mundo.

Japón, China y EE. UU.

A comienzos del siglo XX, Japón era ya una potencia militar. Derrotó a Rusia en una guerra en 1905 y luchó junto a los aliados en la I Guerra Mundial. Tras la guerra, Japón fue reconocido como potencia mundial y se unió a la Sociedad de Naciones. Desde el punto de vista político ofrecía contradicciones. Era una democracia, pero la tradición feudal tenía un gran peso. La mayoría de japoneses veneraban al emperador como un dios viviente y lo veían como su líder. Y el país debía hacer frente a graves problemas económicos. Su población se disparó y no poseía recursos para abastecer a las industrias que se expandían.

Emperador Hirohito
Emperador Hirohito

Los líderes del país querían soluciones y las encontraron en la región china de Manchuria. Manchuria era una tierra fértil con campos de cereal, poseía carbón y minerales. Era un objetivo perfecto. Las tropas japonesas ya estaban allí estacionadas. Otros objetivos eran las colonias gobernadas por potencias europeas: Birmania, Malasia y Hong Kong, controladas por Gran Bretaña; Indochina, gobernada por Francia y las Indias Orientales Holandesas. Pero en este escenario, Japón debía tener cuidado. No quería provocar a la otra gran potencia del Pacífico, Estados Unidos. Pese a sus consignas anti-imperialistas Estados Unidos controlaba un imperio no oficial en el Pacífico. Filipinas, Guam y un puñado de islas se encontraban bajo su dominio directo. Poseía la fuerza para hacer frente a Japón pero desde la I Guerra Mundial, el país estaba ocupado en otras cosas.

En América era la era del jazz. En los años 20, la nación se centró en explotar sus recursos. Tuvo lugar un boom que parecía no tener fin. Muchos hicieron fortuna, tanto en la industria como en la bolsa. América parecía abocada a una desenfrenada búsqueda del placer. Con distracciones como esta, las tropelías crecientes de Japón en el Pacífico se antojaban lejanas. EE .UU. redujo su ejército al término de la I Guerra Mundial y redujo la flota de guerra junto a Gran Bretaña, Francia y Japón. La superioridad naval en el Pacífico era ahora de Japón. Años después llegó la Gran Depresión.

Cuando la crisis se extendió la cuarta parte de la población perdió su empleo. Miles de personas se quedaron sin hogar y debían alojarse en chabolas. Si antes América estaba distraída por la diversión ahora lo estaba por el dolor. Para Japón era el momento de mover ficha. En 1931, sin informar al gobierno electo las fuerzas japonesas en Manchuria tomaron la capital, Mukden y desde allí invadieron el resto del territorio. Se proclamó un estado títere, Manchukuo, bajo un gobierno igualmente títere. Henry Pu-Yi, el último emperador de China depuesto en 1911, fue repescado de su retiro.

En Génova, la Sociedad de Naciones se enfrentó a su primer reto. Japón fue condenado abiertamente.

En Génova, la Sociedad de Naciones se enfrentó a su primer reto. Japón fue condenado abiertamente. Pero su respuesta fue contundente. Japón juzga del todo imposible aceptar el informe aprobado por la asamblea. Abandonaron las conversaciones y la Sociedad de Naciones no podía hacer nada en Manchuria. Japón fue declarado un paria universal, pero eso le importaba poco. Sus dirigentes se fijaron en ulteriores conquistas en territorio chino. Se trataba de presas fáciles; China estaba sumida en el caos. El gobierno de Chiang Kai-Shek se enfrentaba al Partido Comunista Chino dirigido por Mao Tse-Tung. Había una guerra civil.

En 1936, como preludio de la invasión, los japoneses se aliaron con Hitler. El objetivo era protegerse de los ataques de Rusia cuando actuasen en territorio chino. Más adelante, en julio de 1937, los japoneses provocaron un incidente con las tropas chinas e invadieron el país. Los chinos fueron cogidos por sorpresa pero opusieron una feroz resistencia. Los comunistas lucharon junto al Kuomintang en un frente unido. Los japoneses respondieron con desembarcos y a finales de 1937 habían invadido el norte de China y la costa.

Los japoneses combatieron con una brutalidad inusitada bombardeando ciudades. Los occidentales que vivían en el puerto de Shanghái fueron evacuados. La ciudad sufrió un sitio de tres meses. La destrucción fue generalizada. Los japoneses no mostraron piedad por la suerte de la población nativa. Pero tras la toma de Nankín por entonces la capital de China, el 17 de diciembre de 1937 fue cuando los japoneses causaron mayores estragos. Se calcula que más de 300 000 civiles fueron masacrados en seis semanas de violaciones y asesinatos indiscriminados. Los japoneses atacaron buques británicos y americanos en la zona que protegían el comercio marítimo.

El incidente más grave fue el 12 de diciembre de 1937. La cañonera estadounidense Panay fue hundida por bombarderos japoneses y 50 tripulantes murieron. Pero las potencias occidentales rechazaron intervenir. La Sociedad de Naciones no podía hacer nada. En Estados Unidos el presidente Roosevelt planteó imponer un bloqueo naval a Japón. Y está claro que las acciones y políticas de ciertas naciones están teniendo efecto sobre nosotros. Los británicos se oponían y temían desencadenar una guerra. Lo único que pudo hacer Roosevelt fue dar un préstamo a Chiang Kai-Shek para adquirir armamento. Pese a que los comunistas luchaban junto al Kuomintang la URSS tampoco hacía gran cosa para ayudarlos Su única implicación se redujo a una serie de enfrentamientos en su frontera con Manchuria. Pero China no recibió ninguna ayuda. Se vio obligada a luchar sola.

En el transcurso de 1938, los japoneses invadieron Cantón y empujaron a las tropas chinas hacia el oeste del país. La retórica de la Sociedad de Naciones todas las promesas de frenar agresiones internacionales cayeron en saco roto. Y las potencias occidentales tenían problemas más cercanos. Hoy es fácil reírse de Benito Mussolini, el dictador fascista de Italia. Toda esa gesticulación es ahora más bien ridícula. Pero no era así en 1922. Por aquel entonces, Italia se encontraba al borde de la anarquía. El país se veía azotado por huelgas y expropiaciones de tierras.

Alianzas en Europa: la Italia de Mussolini

Como en Alemania, el gobierno democrático no podía combatir el malestar social. Benito Mussolini, periodista y veterano de guerra, decidió tomar las riendas y organizó un partido nacionalista de extrema derecha: los fascistas. Con la huelga general de 1922 Mussolini ordenó a sus seguidores marchar sobre Roma. Ante el temor de una guerra civil, Víctor Manuel III le pidió formar gobierno. De inmediato Mussolini aplastó cualquier oposición política y asumió poderes dictatoriales. En 1928, su posición parecía segura. El parlamento fue designado, en vez de elegido y todo el poder se concentró en manos del Gran Consejo Fascista. Como Hitler, las primeras decisiones de Mussolini lo hicieron muy popular. Los ambiciosos programas de obras públicas proporcionaron empleo y transformaron la infraestructura de Italia. La corrupción fue arrancada de raíz y la Mafia fue casi eliminada.

El ejército italiano se refuerza con la mejora de las fuerzas aéreas. La armada de Mussolini en el Mediterráneo es más potente que la flota británica y la francesa juntas. Cuando llegó la Gran Depresión Italia parecía capearla mejor que la mayoría. Mussolini se convirtió en un referente universal. Numerosos dirigentes políticos, entre ellos el propio Hitler vieron el fascismo como un modelo de gobierno fuerte y resuelto, en contraste con la debilidad de las democracias de Gran Bretaña y Francia. Mussolini buscaba algo más que adulación. Aspiraba a recrear el Imperio Romano. Y ya tenía en mente un objetivo para su primera adquisición imperial. Ese objetivo era Abisinia, la actual Etiopía. Italia poseía ya colonias alrededor, en Eritrea y la Somalia italiana.

Benito Mussolini
Benito Mussolini

En 1934, el ejército italiano provoca un enfrentamiento con las tropas abisinias en un oasis de la región de Ogaden en el interior del territorio abisinio. Mussolini respondió enviando refuerzos a Eritrea y la Somalia italiana y exigiendo que Abisinia pagase indemnizaciones. El emperador de Abisinia Haile Selassie, apeló personalmente a la Sociedad de Naciones. Pidió que fuera coherente con sus ideales. Se trataba de un país amenazado por un miembro de la Sociedad de Naciones. Era la prueba de fuego. Pero la petición no tuvo efecto. El ministro británico, Anthony Eden, intentó gestionar un acuerdo de paz pero Mussolini se negó.

A principios de octubre de 1935, el ejército italiano invadió Abisinia desde Eritrea y la Somalia italiana. El primitivo ejército abisinio tenía escasas opciones frente a unas fuerzas equipadas con tanques y artillería. La aviación italiana dominó por completo el espacio aéreo y hostigó a los abisinios. En ocasiones arrojó bombas de gas, pese a que su uso estaba considerado un crimen contra la humanidad por el Tratado de Versalles. Seis meses después, Abisinia había sido ocupada por completo. El emperador, Haile Selassie, se vio obligado a exiliarse.

En Suiza, la Sociedad de Naciones intentó hacer algo. Impusieron sanciones económicas, pero estas surtieron escaso efecto. La agresión de Mussolini puso de manifiesto dos cosas. La Sociedad de Naciones, la esperanza para la paz, era impotente. Y las supuestas grandes potencias de Europa Gran Bretaña y Francia, ya no querían combatir. Gran Bretaña y Francia quedaron destrozadas tras la I Guerra Mundial y sus economías no se habían recuperado. Hubo huelgas y creció el descontento social. Padecieron el desempleo masivo, incluso antes de la Gran Depresión. Estaban pagando el coste del control de sus imperios que aumentó tras incorporar las colonias alemanas y los territorios del Oriente Medio, antes en poder del Imperio Otomano. Y ambos países se encontraban aún traumatizados por el gran número de víctimas de la I Guerra Mundial.

Las supuestas grandes potencias de Europa Gran Bretaña y Francia, ya no querían combatir.

Una serie de líderes británicos: Lloyd George Ramsay MacDonald y, en especial, Stanley Baldwin mantuvieron a Gran Bretaña al margen de ulteriores conflictos. Pese a las bajas en el Frente Occidental Gran Bretaña acabó la guerra con un ejército de reclutas numeroso y muy efectivo. Pero pronto se vio reducido a un ejército profesional concebido para supervisar el creciente imperio británico. Y al llegar la Gran Depresión el proyecto de modernizar el ejército fue abandonado Antes de la nueva guerra, Gran Bretaña era económica y militarmente débil. Las bajas francesas durante la I Guerra Mundial fueron mayores. Siempre recelosa de los alemanes, Francia mantuvo un ejército de reclutas.

Pero el índice de natalidad disminuyó en el transcurso de los años 20. Hubo un déficit de recursos humanos entre mediados y finales de los años 30. Francia era consciente de que no podía competir contra Alemania en cuanto a efectivos militares. La solución consistía en adoptar una mentalidad plenamente defensiva. La Línea Maginot levantada a partir de 1930 se componía unas fortificaciones que iban de la frontera alemana hasta la belga. Allí, se unía en teoría con otras diseñadas por los belgas.

Este nuevo enfoque militar significaba que Francia únicamente era capaz de luchar a la defensiva. No estaba en condiciones de lanzar un ataque contra Italia aunque contara con el apoyo de tropas británicas. Ambos sabían que sus armadas ancladas en el Mediterráneo eran superadas en número por la nueva flota de Mussolini. Así, cuando Italia conquistó Abisinia ninguna de las dos potencias emprendió acción alguna. Les parecía un escenario muy remoto y tenían problemas más importantes. Ya tenían suficiente con los problemas de la Gran Depresión. La presión resultaría excesiva. Y, sobre todo, ambas se enfrentaban a una amenaza militar mucho más cercana.

Dictadura en España

El poder de Alemania, y también el de Italia estaban a punto de ponerse a prueba al apoyar el alzamiento de un dictador en España. En 1936 estalló la Guerra Civil en España. La contienda fue despiadada, se enfrentaban familias contra familias comunistas contra fascistas, ateos contra creyentes. En 1931 ascendió al poder un gobierno de izquierdas decidido a acabar con la monarquía española. El rey fue obligado a exiliarse y se declaró una república. En febrero de 1936, los partidos de izquierdas se aliaron en un Frente Popular para enfrentarse a la derecha en las elecciones.

El Frente Popular venció por un escaso margen. Pese a que las reformas eran modestas las huelgas y expropiaciones hicieron que la derecha temieran un inevitable golpe de estado comunista. En el ejército español, un bastión de la ideología católica y conservadora, los oficiales de alto rango comenzaron a sopesar la posibilidad de un golpe de estado. Entre estos se encontraba el general Francisco Franco, un antiguo jefe del estado mayor que fue exiliado para comandar las fuerzas españolas en Canarias. El 17 de julio de 1936 el ejército que combatía en la colonia española de Marruecos se amotinó. Franco se unió al día siguiente proclamando un movimiento nacionalista destinado a salvar a España del comunismo. Las guarniciones peninsulares se sumaron. El Frente Popular reclutó voluntarios para defender la República. El país estaba en pie de guerra.

El 17 de julio de 1936 el ejército que combatía en la colonia española de Marruecos se amotinó

Franco topó con un problema inicial. Él y su ejército se encontraban en el norte de África y debían cruzar el Estrecho para llegar a España. Por eso recurrió a una persona que tal vez podría ayudarlo: Adolf Hitler. En un mes, los aviones de transporte de la Luftwaffe de Hitler habilitaron un puente aéreo para trasladar a los veteranos de Franco hasta el sur de España. Pero en esta fase del conflicto, la República aún parecía poseer ventaja. Los alzamientos militares a favor de Franco en Madrid y Barcelona fueron aplastados, dejando el este bajo el control de los republicanos. Los nacionalistas de Franco estaban localizados en el noroeste y en parte del sur.

Pero la situación de los franquistas cambió cuando Hitler y Mussolini comenzaron a enviar tropas y armamento. Hitler aprovechó la oportunidad para poner a prueba su equipamiento y sus fuerzas armadas. Enviaron los primeros Pánzer con cerca de 12 000 soldados. Y la Luftwaffe desplegó su Legión Cóndor con sus ultramodernos bombarderos y aviones de combate. Mussolini envió un cuerpo de voluntarios compuesto por 50 000 hombres y más de 700 aviones. Los republicanos solicitaron ayuda a Gran Bretaña Francia y la Unión Soviética. Pero Londres y París temían hacer estallar una guerra en Europa y declararon una política de no intervención. De manera cínica, Alemania e Italia firmaron la declaración. Pero cuando se hizo evidente que no dejaban de enviar armas a las tropas franquistas, Josef Stalin, el líder soviético anunció su disposición a ayudar a la República.

Stalin estaba inquieto por el fascismo alemán. Hitler dejó claro que para él, el comunismo era el enemigo del nazismo. Stalin vio el conflicto como una forma de mantener a Alemania e Italia ocupadas mientras fortalecía el poderío militar de la Unión Soviética. Unos 700 militares fueron enviados a España con tanques y aviones de combate. No era poca cosa, pero no se podía comparar a la ayuda recibida por Franco. En realidad, la principal ayuda exterior a la República no procedía de ningún estado sino de voluntarios: las Brigadas Internacionales. Cerca de 30 000 izquierdistas americanos, británicos, franceses y alemanes se alistaron para combatir en España. Gracias a los fascistas, los nacionalistas consiguieron abrir dos frentes: uno avanzaba hacia Barcelona desde el norte. El otro, dirigido por Franco, se abría camino hacia Madrid desde el sur.

A finales de 1936 Madrid estaba acosada por tres flancos y sitiada. Los combates eran intensos y se vieron acompañados por terribles atrocidades contra los civiles. Los republicanos perseguían y asesinaban a sacerdotes católicos. Los nacionalistas mataban al que fuera acusado de comunista. Las fuerzas aéreas de Alemania e Italia se despachaban contra objetivos civiles. Madrid era sistemáticamente bombardeada, pero el episodio más grave se produjo en abril de 1937, cuando la ciudad vasca de Guernica fue literalmente arrasada y 6000 civiles perdieron la vida. La zona controlada por la República se redujo a marchas forzadas.

Francisco Franco y Adolf Hitler
Francisco Franco y Adolf Hitler

Sus tropas lucharon, pero eran aficionados poco entrenados y mal equipados que no podían compararse a los soldados profesionales dirigidos por Franco ni al sofisticado armamento aportado por Alemania e Italia. La guerra se iba alargando y Madrid se convirtió un símbolo de la determinación de las izquierda por resistir a una dictadura fascista. Pero la alianza republicana se vino abajo. Los comunistas y socialistas querían concentrarse en una victoria militar. Pero los anarquistas y los sindicalistas, veían en la guerra una oportunidad para desencadenar una revolución obrera.

Esas discrepancias salieron a la luz en mayo de 1937. En Barcelona se enfrentaron anarquistas y comunistas lo que debilitó fatalmente la causa republicana. A finales de 1938, los franquistas cercaron a sus enemigos en un enclave en los alrededores de Barcelona y en una zona que se extendía desde Madrid hasta la costa. Madrid continuó resistiendo pero las Brigadas Internacionales se habían retirado. Cada vez más naciones reconocían el gobierno de Franco a medida que sus tropas iban a Madrid para el asalto final. A finales de marzo de 1939 los defensores de Madrid estaban agotados tras tres años de combates. La capital se acabó rindiendo. Un mes después, Franco declara oficialmente el final de las hostilidades.

Las ambiciones a largo plazo de Hitler, una de las causas de la Segunda Guerra Mundial

Las heridas de la guerra tardaron años en cicatrizar. Y de alguna manera, nunca lo hicieron. Internacionalmente, la victoria de Franco anunciaba una catástrofe. Hitler y Mussolini se reafirmaron en su creencia de que las democracias inglesa y francesa eran incapaces de resistir una presión real y Stalin no cree en la disposición de estas para combatir el fascismo. Hitler vio el camino abierto para iniciar las políticas agresivas esbozadas en Mein Kampf. Antes del fin de la Guerra Civil Española, sus ejércitos ya estaban movilizados. Desde que fue nombrado canciller de Alemania el 30 de enero de 1933 Hitler comenzó a poner en práctica sus ambiciones a largo plazo.

Hitler vio el camino abierto para iniciar las políticas agresivas esbozadas en Mein Kampf

El 3 de febrero reveló a sus comandantes que su objetivo final era conquistar territorios en el este y germanizarlos de forma implacable. Recibieron órdenes de preparar una gran expansión. Aunque Alemania tenía prohibidos los tanques un acuerdo secreto con la URSS firmado en 1923 había permitido desarrollar diseños de tanques y experimentar nuevas tácticas con vehículos blindados. Oficiales alemanes jóvenes, como Heinz Guderian, leían las teorías de pensadores británicos como Basil Liddell Hart y John Fuller. Pudieron ver maniobras realizadas por los británicos en los años 20 en Salisbury. A partir de esto desarrollaron la idea de combinar unidades móviles ligeras con tanques artillería e infantería para abrirse camino rápidamente en territorio enemigo. Hitler adoptó estas ideas con entusiasmo.

El nuevo ejército poseería tres divisiones blindadas. De manera análoga, la Luftwaffe comandada por el antiguo piloto de caza Hermann Goering tuvo carta blanca para renovarse. Durante los años que sus fuerzas aéreas habían estado prohibidas Alemania había continuado perfeccionando la construcción aparatos civiles y los clubs de aviación y de vuelo sin motor eran una reserva de pilotos. Hitler reveló la existencia de la Luftwaffe en marzo de 1935. Dijo que el ejército alemán había crecido hasta los 300 000 efectivos y reintrodujo el servicio militar obligatorio. Gran Bretaña y Francia protestaron por esa violación del Tratado de Versalles. Poco después, aunque lentamente y a regañadientes, comenzaron a rearmarse. Hasta el momento, Hitler fue modesto en sus objetivos. Únicamente tomó lo que era suyo: Renania y el Sarre.

Pero tenía en mente un objetivo ambicioso. Su patria natal, Austria. En 1934, los nazis austriacos intentaron tomar el poder y unificar su país con Alemania. Los austríacos hablan alemán si bien nunca habían formado parte de un estado alemán. En febrero de 1938 se descubrió un nuevo complot nazi. El canciller austríaco Kurt von Schuschnigg protestó ante Hitler. Hitler respondió exigiendo que dejaran de maltratar a los nazis austriacos y que se unieran a Alemania. Schuschnigg convocó un referéndum para que los austriacos votaran si querían seguir siendo independientes. Pero el 12 de marzo de 1938, la víspera del referéndum ante el temor de que el resultado no fuera el deseado, Hitler envió sus tropas.

La bienvenida entusiasta y del todo sorprendente por parte de los simpatizantes facilitó la invasión sin conflictos. Al cabo de unas horas, Hitler anunció la incorporación de Austria al III Reich. Por primera vez una nación soberana fue incorporada a una Alemania más grande. Una vez más, las democracias europeas no supieron reaccionar. En verano de 1938, Hitler se lanzó a por su segunda presa Checoslovaquia. Una minoría alemana vivía en el noroeste del país en un área conocida como la región de los Sudetes.

Estos alemanes eran parte del antiguo imperio austriaco pero quedaron aislados cuando se creó Checoslovaquia en 1919. Fue una bomba que inició su cuenta atrás en cuanto se firmó el Tratado. Hitler exhortó a los Sudetes a exigir autonomía y amenazó al gobierno checo con usar la fuerza si se negaba a concederla. Lejos de intimidarse, el gobierno checo ordenó una movilización y se preparó para luchar. El ejército checoslovaco era numeroso, estaba equipado y poseía excelentes fortificaciones en la frontera. Hitler dio marcha atrás.

Guerra Inminente

A principios de septiembre, ante el temor de una guerra inminente el primer ministro británico decidió actuar como mediador. Viajó a Alemania dos veces. El dictador nazi le aseguró que si le cedían la región de los Sudetes no reivindicará ningún otro territorio en Europa. El 29 de septiembre de 1938, en Múnich con Mussolini actuando como mediador, Francia y Gran Bretaña entregaron los Sudetes a Alemania a cambio de una declaración formal por parte de Hitler de no plantear nuevas exigencias territoriales.

Chamberlain regresó a Gran Bretaña ondeando el papel que según él “garantizaba la paz”. Y así, el 1 de octubre las tropas alemanas ocuparon la región de los Sudetes y se apoderaron de las fortificaciones fronterizas checas. Hitler ya había comenzado a evaluar su próximo objetivo, Polonia. Una vez más, el pretexto era una minoría alemana aislada debido al Tratado de Versalles. Hitler exigió la devolución del puerto de Danzig para que Prusia Oriental pudiera estar conectada con el resto de Alemania. Los polacos se negaron y Hitler titubeó. Aún no estaba preparado para una guerra total y tenía asuntos pendientes en Checoslovaquia. En marzo de 1939, la parte oriental del país Eslovaquia, que era étnicamente distinta a las regiones checas, apeló a Hitler para conseguir más independencia. Hitler llamó a Berlín al líder checoslovaco, Emil Hacha y lo intimidó para que pusiera su país bajo protección alemana.

Las tropas alemanas marcharon por Checoslovaquia sin oposición. La mayor parte del país fue anexionada. Eslovaquia fue declarada un protectorado. Por primera vez, Hitler ocupó territorios no germanófonos. Pero las protestas de Gran Bretaña y Francia solo fueron discretas. A final de marzo, Hitler pidió que Polonia renunciara a Danzig. Esta vez Francia y Gran Bretaña anunciaron inequívocamente que declararían la guerra si Polonia era atacada. Pero a Hitler le importaba poco si lo hacían o no. Estaba convencido de que serían rivales débiles e indecisos. En Rusia, la preocupación de Stalin por las agresiones alemanas era cada vez mayor. En abril propuso una alianza con Gran Bretaña y Francia. Pero las negociaciones apenas avanzaron y Stalin tiró la toalla. Decidió que había otra forma de neutralizar a los alemanes.

El 23 de agosto, la Unión Soviética y el III Reich considerados enemigos acérrimos anunciaron un pacto de no agresión. El acuerdo especificaba que Polonia se repartiría entre los dos países y que Stalin tendría carta blanca para apoderarse de Estonia, Letonia y Lituania. Libre de amenaza soviética Hitler ordenó a sus fuerzas armadas que organizaran una invasión inmediata. Por la tarde del 31 de agosto la Wehrmacht alemana estaba lista para el asalto. Su Führer tomó una decisión que sumiría el mundo en una gran guerra.